La Autoridad de Recursos Acuáticos (Arap) nació el año pasado y sus primeros dos pasos la han llevado a lo más profundo de las arenas movedizas que escogió para aprender a caminar. Sus nuevos funcionarios vieron con buenos ojos el establecimiento de granjas atuneras en aguas panameñas, como si esta actividad fuera un modelo a imitar, cuando se ha probado que son un desastre ecológico. Su segundo mal paso es el que ha dado en torno a los permisos para cazar delfines en Panamá.
Tal parcialidad muestra la Arap en el tema de los delfines que la reunión para revisar el protocolo de caza de estos mamíferos la llevó a terreno comprometido –al distrito de San Carlos– donde los técnicos fueron recibidos en una manifestación en su contra, que es difícil de creer que la Arap o supiera de ella. O el administrador de la Arap empieza a representar al Estado como debe ser o que busque trabajo en el sector privado, en el que seguramente habrá una o dos empresas que lo recibirán con los brazos abiertos.