En Panamá, según cifras oficiales, uno de cada cinco embarazos se da entre jóvenes menores de 18 años. Frente a esta realidad, podemos optar por la salida fácil: enterrar nuestra cabeza cual avestruz, mirar hacia otra parte y darle la espalda al tema.
O podemos afrontar la situación, asumir nuestra responsabilidad como sociedad y empezar por el principio: educar a nuestras niñas y niños para permitirles crecer y madurar con conocimiento suficiente y adecuado sobre su sexualidad. Un aprendizaje equilibrado y cónsono con la capacidad y desarrollo intelectual de nuestros niños, les dará las herramientas necesarias para avanzar y superar situaciones de otro modo intimidantes, incómodas o desconocidas.
No se trata de vulgaridad ni desenfreno, es apenas remover el morbo malsano que impide que mentes aún cándidas e inocentes asimilen conocimientos naturales del desarrollo humano. Permitamos que nuestros jóvenes forjen su futuro con paso firme resultado de la sabiduría y no de la púdica ignorancia.