Tres días después de las elecciones presidenciales, hace exactamente 18 años, el Tribunal Electoral anuló los comicios con excusas baladíes para evitar que la democracia derrotara al noriegato. Los panameños fusionados en un movimiento ciudadano protagonizamos uno de los episodios más emblemáticos de las postrimerías de la dictadura, marcada por la más hostil represión y la indiscriminada violencia.
Los sucesos del 10 de mayo fueron la antesala del origen de la olvidada Cruzada Civilista que aglutinó a más de 26 agrupaciones cívicas, profesionales y religiosas para luchar contra el régimen opresivo de Noriega. Hoy tenemos justificadas razones para unirnos en contra de uno de los flagelos más lacerantes que sufre nuestra democracia: la corrupción.
Esa plaga que carcome nuestras instituciones y amenaza con adueñarse de la paz social. Tal vez una nueva cruzada se hace necesaria para articular valientes hombres y mujeres que aún creen en las bondades de la justicia y el bien común.