La permisiva actitud que adoptan algunos funcionarios frente al poder está poniendo en peligro el patrimonio de la nación, pues flaquean frente a inescrupulosos empresarios que dan rienda suelta a su desmedida codicia sin que nada ni nadie los pueda frenar.
Es así como familiares del Presidente especulan con tierras que pertenecen a todos los panameños, pero que ellos, por unos cuantos centavos, hacen suyas para luego lucrar a precios de mercado. Y para colmo, algunos hasta viven a expensas del Estado en puestos muy bien remunerados. Solo la complicidad puede enterrar el despojo del que todo el pueblo panameño es víctima con la venta de estas tierras a precios que no pagan siquiera el papel con el que se apoderan de ellas. Con la ola de operaciones inmobiliarias que sacude al país, el Gobierno debe hacer un alto y examinar con detenimiento su política de adjudicación de tierras.
Si no lo hace pronto, los panameños viviremos en un país al que ya no podremos llamar nuestro.