Cuando se quiere justificar lo injustificable, cualquier argumento sirve de comodín. Así, lo que ayer era un conocido manglar y parte de un ecosistema, hoy la propia directora de Anam nos informa que es tan solo rastrojo sin ningún valor ni utilidad. Y lo que para cualquier ‘don nadie’ hubiese sido un acto arbitrario e ilegal, resulta que para el ‘tío favorito’ es una actuación apegada a la más estricta legalidad. Difícil de tragar tanta falacia.
Conclusión: Una vez más no habrá consecuencias ni sanciones; otra victoria para la impunidad y el juega vivo. Pero, más allá del espejismo, lo que resulta evidente es lo vulnerable que es nuestra tierra y lo desprotegidos que estamos todos los habitantes de este hermoso y saqueado país.
Las autoridades llamadas a proteger el entorno son las primeras que apadrinan crímenes ecológicos, y, frente a la falta de transparencia, el clientelismo y el largo brazo político, solo nos queda conformarnos con la autodestrucción de nuestros recursos naturales. Para cuando despertemos del coma amnésico, producto de triquiñuelas y tecnicismos legales, los manglares y los bosques serán meramente un recuerdo borroso de los hoy ciudadanos del mañana.