El discurso evasivo y distante no puede ser más elocuente: el Gobierno panameño ha decidido no involucrarse en torno a la flagrante violación a la libertad de expresión en Venezuela. Ello, no solo nos minimiza ante nuestros vecinos en la lucha por preservar las garantías básicas de toda sociedad democrática, sino que como anfitriones de un foro internacional la trigésimo séptima Asamblea General de la OEA, somos protagonistas en un escenario que ahora no queremos asumir.
El respaldo nada tiene que ver con la injerencia y resguardarse bajo el paraguas de la legalidad territorial no es más que una patente de corso para acomodar los más atroces atropellos. De eso sabemos los panameños que ahora alzamos nuestra voz de protesta y condena, que contrasta con el diplomático silencio del gobierno PRD.
Como sociedad civil, valiente y beligerante, los panameños jamás consentiremos que la tenebrosa mano de un tirano opresor conculque el derecho natural de los pueblos a expresarse. Si Martín Torrijos calla, nosotros no.