El expediente judicial de Ports Engineering & Consultans Corp. (PECC) es ya historia. La Corte Suprema de Justicia lo borró del mapa de los casos pendientes con argumentos cuyo fondo eran, en realidad, de forma. Y cuando todo parecía sepultado bajo una fina capa de polvo, en Estados Unidos (EU) una fiscalía estimó conveniente echarle un vistazo al asunto. Lo irónico de ello es que si en EU saliera a relucir algo sospechoso o irregular por las transacciones que hicieron los entonces funcionarios con esta empresa –como, por ejemplo, recibir dividendos de PECC–, en nuestro folclórico sistema judicial no pasaría nada, pues sin mayores bochornos, el caso penal fue archivado hace ya algún tiempo. ¿Cómo logramos entonces la justicia? Simplemente no hay. Agoniza en los sonrientes labios de algún magistrado que tuerce los delicados hilos del sistema con algún conveniente tecnicismo legal para justificar sus descarados fallos, ignorando deliberadamente que sobre la legitimidad de tales decisiones judiciales pesan la desconfianza y las sospechas ciudadanas. Hará falta mucho más que palabras para que los ciudadanos de este país recuperemos la confianza en nuestro maltrecho y vejado sistema judicial.
Hoy por Hoy 2007/06/10
10 jun 2007 - 05:00 AM