El tema de las donaciones privadas a las campañas de los políticos que aspiran a un cargo público tiene que ser regulado. Los gobiernos deben esforzarse en darle al ciudadano toda la información sobre el origen del dinero que los ayudó a ganar. Si no, ¿de qué otra manera podemos los ciudadanos saber si los funcionarios tienen o no conflicto de intereses en sus actuaciones?
En este momento, simplemente, no tenemos forma de saberlo. Además, hay otro asunto espinoso y oscuro: las donaciones que reciben partidos y candidatos después de las elecciones. Resulta muy curioso y hasta sospechoso el hecho de que ningún político o partido perdedor reciba un solo dólar después de los comicios, en tanto que ¡qué coincidencia!, el dinero sigue entrando generosamente a las cuentas de los ganadores aun después de las elecciones.
Esto es como comprar el billete ganador después del sorteo. No pretendan engañarnos con el cuento de la democracia que existe en sus partidos, si a la hora de ser transparentes se comportan como el más bribón de los dictadores.