El país ha vivido en los últimos días momentos aciagos con las lamentables muertes de dos obreros de la construcción, lo cual ha creado un clima de intranquilidad ciudadana. Mantener esta incertidumbre es adoptar posturas radicales que en nada contribuyen a resolver las actuales pugnas.
En este momento hay que hacer un alto y llamar a la cordura. Esta Administración debería mostrar mayor iniciativa en ello para que las partes negocien, se comuniquen y lleguen a acuerdos. Y si los dirigentes se empeñan en lo contrario, su actitud solo delata una actuación irresponsable, pues las disputas pueden terminar en la violencia –como ya ha ocurrido– y sus consecuencias son simplemente impredecibles.
Perder la vida en enfrentamientos innecesarios no tiene mérito alguno y provoca solo luto y lágrimas. Hay batallas que se ganan en una mesa de negociación, con mucho menos daños colaterales o víctimas fatales, y requiere de mayor valentía que desenfundar un arma y disparar. Esos son los líderes que necesita Panamá en el siglo XXI.