Innecesario, ridículo y peligroso –por decir lo menos- resultó el espectáculo que nos regalaron ayer el diputado Pedro Miguel González y el Partido Revolucionario Democrático. En medio de discursos nacionalistas de barricada, como en los mejores tiempos de la dictadura, la bancada oficialista sobrepuso los intereses particulares y políticos de su partido, por encima de los mejores intereses de la Nación, poniendo así una inconveniente tensión sobre las relaciones comerciales con Estados Unidos. Resulta vergonzoso que el principal órgano del Estado elija como presidente, sin el menor descaro, a una persona que tiene un llamamiento a juicio por asesinato, en otro país. Lo ocurrido ayer en el Palacio Legislativo nos demuestra, una vez más, que el partido que hoy gobierna no ha madurado tanto como predica, y esto repercute negativamente en nuestra incipiente democracia. El error ya se cometió, pero siempre hay oportunidad para enmendar.
Hoy por Hoy 2007/09/02
02 sep 2007 - 05:00 AM