Parece mentira que más de mes y medio después de que se descubrieran las celdas de lujo, éstas permanezcan intactas para el disfrute de reos de alta peligrosidad. Este es el típico ejemplo de la burocracia que se sirve de funcionarios que parecen los brazos mecánicos de una torpe máquina que no entiende razones. Y mientras se ponen de acuerdo en el “delicado” asunto de quién decomisa los televisores de plasma y los microondas, los que esperan no tienen apuro. Los procesos, leyes y reglamentos obran a su favor y hasta quizá tengan oportunidad de querellar al que les quite sus juguetes. El antiguo director penitenciario ordenó retirar esos equipos en julio pasado y la entonces ministra de Gobierno reconoció que había corrupción en las cárceles. Todo eso le costó el puesto al director del Sistema Penitenciario, Ricardo Landero. Es decir, hubo un gran escándalo, pero finalmente es como si el funcionario nunca se hubiese ido. Entonces, ¿para qué botarlo?, ¿para qué un nuevo director? Sería poca cosa calificar de inútiles a los responsables de que las celdas se mantengan igual.
Hoy por Hoy 2007/09/17
17 sep 2007 - 05:00 AM