Las muertes ocurridas en el sector de la construcción muestran un patrón preocupante, pues el promedio es de más de dos obreros cada 30 días, sin contar los numerosos accidentes en esta industria. Es innegable que enfrentamos una falta de rigurosidad en las medidas de seguridad que está cobrando vidas, que deshace familias, que trunca futuros. No estamos hablando de compensación monetaria, pues son vidas que nada las puede reemplazar. Recibir una indemnización o un seguro no es consuelo para un padre que ha perdido a un hijo o para un hijo que haya perdido a su padre, menos aún si pudo haberse evitado. Problemas como estos tienen dos caras: de ellos puede emerger una efectiva solución o simplemente pueden degenerar en incidentes aún más serios. Está claro que las muertes, en vez de disminuir, aumentan al ritmo que se incrementan los permisos de construcción y, en consecuencia, también lo hacen las protestas de los obreros. En otras palabras, este es el caldo de cultivo para otra crisis social. ¿Hace falta tener más muertos para que las autoridades se den cuenta de ello?
Hoy por Hoy 2007/09/19
19 sep 2007 - 05:00 AM