Parece una escena de algún área apartada en una comunidad poco accesible; nada más lejos de la realidad, ya que se trata del derrumbe de un puente que usaban los moradores de las comunidades de Nueva Libia, Villa María y El Progreso, en la vecina Alcalde Díaz. El puente, que era más bien improvisado, fue objeto de repetidos embates del río Las Lajas, y desde hace varios meses simplemente cedió. Desde entonces, todo el que va a su trabajo o al colegio tiene que remangarse los pantalones y rezar para que no venga una cabeza de agua y lo arrastre cuando lo cruza. Pero en el caso de los niños, el asunto es dramático, pues no pueden hacerlo solos y es aquí donde algunas personas se convierten en “puentes humanos” para pasarlos salvos y secos. Esta situación es vergonzosa y desproporcionada, pues mientras se invierten 190 millones de dólares en una cinta costera, se priva de la infraestructura básica a cientos de personas que arriesgan su vida innecesariamente para cruzar un río, que ya se llevó un puente. Ojalá el remedio no llegue después de una tragedia.