El Estado se gasta millones de dólares en proporcionar cédulas con altos estándares de seguridad a fin de evitar falsificaciones. Pero ese no parece ser el problema, porque los hechos demuestran que cualquiera puede obtener una sin el riesgo de conseguir una falsificada. Nadie, hasta ahora, ha podido aclarar razonablemente por qué varios jefes de las mafias narcotraficantes disponen alegremente de cédulas panameñas, como si se pudieran comprar en cualquier esquina. Es sorprendente –por no decir inexplicable- que ninguna alarma se encienda cuando los funcionarios ven la solicitud de estos documentos. El sentido común obliga a hacer, al menos, una mínima investigación para tener la paz mental de no estar cometiendo un error. Pero ante estos hechos, uno concluye que existe una falta de control que es de espanto o, lo que es peor, que alguien decide que hay que dejar hacer y dejar pasar, no importa de quién se trate. Con estas actitudes tan ligeras, cómo pueden preguntarse después por qué la gente percibe que hay corrupción.
Hoy por Hoy 2007/10/07
07 oct 2007 - 05:00 AM