Una irresponsabilidad histórica imperdonable sería despilfarrar los excedentes que generará la expansión del Canal. La prioridad tiene que ser la inversión seria e inteligente en el desarrollo nacional, logrando incorporar a ese 40% de panameños que viven en la pobreza. El peligro mayor es el del clientelismo.
Las intenciones electoreras rondan cerca del jugoso botín, mientras los acuerdos alcanzados en la Concertación Nacional no se firman. Ya este año han de entrar al presupuesto nacional cerca de 300 millones adicionales, aportados por el Canal. Nuestra tragedia sería terminar como Venezuela, condenada por la riqueza del petróleo, miles de millones derrochados en medio del populismo y la más vergonzosa pobreza. Antes del referendo, el Presidente empeñó su palabra asegurando que los millones del Canal no serían utilizados en politiquería ni en beneficio del partido gobernante.
Le toca cumplir con su palabra y, como estadista, garantizar la firma y viabilidad de lo pactado en la Concertación Nacional. ¡Es lo mínimo que podemos esperar!