La Concertación Nacional nos dejó algunas lecciones. Primero, que los panameños somos capaces de definir –mediante el diálogo– caminos comunes para echar hacia adelante. Segundo, que los encuentros anteriores fueron oportunidades para detectar y evitar errores, a fin de que el diálogo nacional no sea otra referencia histórica ni letra muerta.
Tercero, que la agenda nacional no solo la escribe el Gobierno, sino que los panameños tenemos la responsabilidad de participar en la arquitectura de nuestras instituciones democráticas. Pero mayor aún es la responsabilidad de los partidos políticos que, bien o mal, representan a un importante número de ciudadanos. Y en este punto, poco reconocimiento se le puede dar a la oposición que prefirió la salida cómoda de criticar desde afuera, en lugar de sumarse al diálogo.
Solo el Partido Panameñista tuvo un líder con visión y agallas para afrontar las arremetidas; el resto se quedó en discursos de restaurante y politiquería fácil. Triste aporte a la democracia nacional.