Treinta y un días sin servicios médicos básicos. Una sola palabra: inconcebible. Hoy el paro médico alcanza un mes, y desafortunadamente los únicos perdedores han sido, como siempre, los usuarios. Y es que no hay aspiración salarial ni solicitud de mejoramiento de los servicios de salud que justifiquen la suspensión unilateral de la prestación del servicio más elemental para el ser humano.
Durante este tiempo, tanto la intransigencia de los médicos como la incapacidad del Gobierno han llegado a su máxima expresión, al punto de hastiar a una población que lo único que reclama es su derecho a la salud; obligación constitucional que recae sobre el Estado.
La negociación –como medio para conseguir un objetivo– es una técnica válida en toda lucha personal o colectiva, sin embargo, cuando el interés colectivo está en juego, las partes están obligadas a deponer aspiraciones particulares en beneficio de las mayorías. La situación está en el punto de lo intolerable, y el Presidente de la República debe intervenir personalmente para que los servicios de salud se restablezcan de inmediato.