Nueve de cada diez negocios en Panamá están en manos de pequeños empresarios y es en este segmento donde mayor impacto tendrá cualquier incremento del salario mínimo, que debe fijarse hoy, consensuado entre trabajadores y empleadores.
Pero más allá de la evidente afectación, hay una realidad imposible de esconder: la vida está más cara en todos los renglones, desde la comida y los artículos de limpieza e higiene personal, hasta las medicinas, sin olvidar los servicios de transporte, la electricidad, el papel y la instrucción escolar. Así las cosas, solo el diálogo sensato podrá acercar las posiciones –hoy distantes– entre los actores en esta negociación.
Ya la empresa privada reconoció que el ajuste es inevitable, toca ahora establecer el monto y para ello no se requiere de sofisticada matemática. La cifra tiene que reflejar el costo de vivir en un país que se jacta de su bonanza económica, la cual debe ahora ser vehículo para la mejora salarial de los que menos reciben por su trabajo.