La pérdida de vidas humanas no se justifica bajo ninguna circunstancia. Es por ello que la muerte de los panameños durante la invasión estadounidense a Panamá hayamos o no estado de acuerdo con esta no es un hecho para celebrar. Sin embargo, pretender que con una declaratoria de duelo se cierran las heridas, es ingenuo y, además, el efecto podría ser el contrario, pues con ello se abren y a la vez se perpetúan esas viejas heridas.
La única forma de sanarlas es por medio de la justicia y la reconciliación; y es fácil concluir que no hemos tenido una ni la otra. En cuanto a la justicia, poco se ha logrado para pasar la página del negro pasado. Y sobre la reconciliación nacional, es el Partido Revolucionario Democrático el que debió dar el primer paso y pedir perdón por el dolor causado por todas las atrocidades cometidas durante la dictadura en la que cogobernaron con los militares.
El día que nos invadieron, en nuestro país reinaba una narcodictadura militar. Y Panamá volvió a la vida el día que nos libramos de ella.