Una de cal y otra de arena. Torrijos juega a la política y manda a la Corte Suprema a un abogado litigante independiente, por un lado, y a un abogado con fuertes raíces en el Partido Revolucionario Democrático (PRD), por el otro. Tanto la capacidad como la trayectoria profesional de los recién designados magistrados son inobjetables; sin embargo, el arraigo político sí es motivo de preocupación ciudadana.
Y es que la estrecha, histórica y pública vinculación del hoy magistrado Oydén Ortega con el PRD, constituye su gran reto para demostrarle a la ciudadanía que será capaz de desligarse de sus conexiones y copartidarios políticos para emitir fallos de manera independiente e imparcial.
Sumado a ello, y tan importante como lo anterior, es que estos dos nuevos integrantes llegan a una Corte totalmente desprestigiada por la percepción de corrupción, por lo que tienen ante sí la enorme responsabilidad de con su actuación empezar a darle un giro radical al Órgano Judicial, que exige a gritos un cambio de rumbo.