Incertidumbre, frustración y angustia. Esos sentimientos son compartidos hoy por la comunidad internacional que sigue –aún con esperanza– el cruento drama de la entrega de tres plagiados por parte de las FARC: dos mujeres, secuestradas hace casi seis años, y el otro, un pequeñín nacido en cautiverio que no conoce más mundo que la inhóspita selva.
Las intenciones y objetivo de la guerrilla ya ni siquiera son parte de este debate, pues el hecho de mantener en zozobra a los familiares de esas víctimas inocentes, y luego, el show mediático de reivindicación política que juega el izquierdista Chávez, hacen aún más brutal este ya de por si cruel episodio. No es justo que además de la soledad y el abandono humano, también tengan ahora que soportar ser utilizados como artilugio de conquista política.
¡Qué manera más vil de jugar con la vida y emociones de los secuestrados y sus parientes! Somos solidarios con el pueblo colombiano y confiamos en ser testigos de una nueva etapa que permita la reconciliación y la paz.