Aquella frase, la maldad tiene límite, pero la estupidez no, viene a pelo con las últimas declaraciones del presidente Hugo Chávez.
En su desenfrenado e inacabable afán de protagonismo, ha lanzado una propuesta escalofriante a los Gobiernos del mundo. Pretende el mandatario que esos guerrilleros que han bañado sin piedad de sangre por más de 40 años al pueblo colombiano, secuestrando mujeres y niños, acribillando transeúntes con bombas citadinas y ahora protegiendo narcotraficantes, sean tratados benévolamente, luego del circo que montó alrededor de la entrega de dos mujeres secuestradas de forma infame.
Los Gobiernos democráticos del mundo deben rechazar enérgicamente la iniciativa. Ni las FARC ni el ELN han dado el menor indicio de poner fin al interminable drama que tiñe las calles y montañas de Colombia: el terror sigue siendo su único recurso. La torpeza de Chávez desnuda su doble discurso, ya que jamás permitiría grupos armados insurgentes dentro de Venezuela, menos aún toleraría que otros Gobiernos los legitimaran.
¿Cierto, comandante?