Algunas instituciones panameñas sufren de una flaqueza que resulta vergonzoso. Son blandengues, pusilánimes. Prueba de ello es que nada impidió que el relleno de mar que realiza el empresario Jean Figali en Amador se detenga. Por el contrario, ha avanzado tan rápido que es posible que ya sea improbable revertir lo que lleva hecho.
A este indeseable relleno se unirá una cementera en plena entrada del Canal, en una zona destinada al desarrollo urbano. El rechazo popular a estas obras es evidente, pero las autoridades se niegan a escuchar al ciudadano. Éste ha perdido su poder –si es que alguna vez lo tuvo– y, en cambio, algunos empresarios con amigos complacientes y encumbrados se lo han robado... y quién sabe a qué costo.
¿Cuándo entenderán los funcionarios que han sido nombrados para proteger los intereses de la colectividad nacional de la que ellos son parte? Si el miedo es su consejero, seguiremos a merced de la desbocada ambición de empresarios sin escrúpulos que invocan hipócritamente al progreso para llenarse los bolsillos.