Las denuncias por violación a las reglas que normaron las pasadas elecciones de delegados del partido oficialista dejan al descubierto la falta de seriedad de quienes detentan o aspiran al poder dentro del partido gobernante.
Si así lo hacen, solo para obtener un puesto en el colegiado que escogerá las máximas autoridades de ese colectivo, uno se pregunta qué se puede esperar de su futuro actuar público. Uno esperaría de ellos una participación honesta, sin la trampa que siempre prevalece entre aquellos que se quieren aprovechar del momento político o del propio partido.
La vergonzosa arrebatiña política y las actuaciones éticas cuestionables, producto del juega vivo y la corrupción, desdicen de los aspirantes. Para corregir el rumbo, es necesario dejar que la justicia trabaje sin obstáculos, presiones ni amiguismos. Que las autoridades investiguen y se presente ante la ciudadanía un informe final con sanciones ejemplares que no inviten a usar y abusar de los bienes públicos en beneficio particular o politiquero.