Los disturbios protagonizados por los obreros de la construcción, la semana pasada, dejaron un trabajador muerto, decenas de heridos y casi un millar de detenidos, además de que acabaron con el sosiego de todos, obstaculizaron el libre tránsito, destruyeron propiedad privada y pública, y provocaron pérdidas económicas.
Al comenzar esta semana, no solo el Gobierno espera más sensatez de los dirigentes y bases del Suntracs, sino todos nosotros, los panameños, que tenemos que circular en calles que, por la cantidad de carros que hay, ya están atiborradas. Además, lo que originó la protesta de los obreros –el reglamento de seguridad de la construcción– ya fue aprobado.
Entonces, ¿por qué los sindicalistas insisten en convocar a una huelga? ¿Qué es lo que quieren? ¿Someter el país por causa de su radicalismo? Flaco favor se hace Suntracs si su llamado degenera en más violencia. Poco apoyo conseguirá si las víctimas de sus protestas son, una vez más, los propios ciudadanos.