El olvido. Esa es la suerte que han corrido las promesas que recibieron las víctimas sobrevivientes del envenenamiento con medicamentos elaborados por la CSS contaminados con dietilene glycol.
Es difícil imaginar cómo una persona sana, después de tomar un remedio para el resfriado, descubre que sufre un cambio radical en su vida porque consumió un letal veneno que la degradará día a día.
Es un panorama desolador que empeora gracias a la indiferencia inhumana de funcionarios que deberían guardarles respeto reverencial por los imperdonables errores cometidos. Pero en vez de eso, las víctimas tienen que mendigar atenciones y suplicar por sus frágiles vidas. Las autoridades tienen una deuda moral y económica con esas personas.
Ya es hora de que se pongan al día, de velar para que los afectados del sira vivan con dignidad. No son favores lo que ellos reclaman, es su derecho a vivir con la mínima incomodidad dentro del dantesco sufrimiento. Entonces, señores del gobierno, cumplan.