Faltan cinco días para que las clases comiencen y aún existen versiones contradictorias sobre si los profesores han sido o no nombrados en sus puestos de trabajo, o las escuelas están o no en condiciones para empezar la jornada educativa. La verdad saldrá a relucir el próximo lunes, cuando más de 700 mil estudiantes asistan a las aulas.
Pero, al margen de la postura que uno crea, lo cierto es que el Ministerio de Educación ha tenido meses para prepararse y no parece nada justo que los estudiantes terminen sufriendo por una falla administrativa. Los jóvenes son el recurso más valioso de cualquier país que seriamente apueste a su desarrollo social; jugar con ello es una costosa irresponsabilidad.
El Gobierno tiene la responsabilidad ineludible de garantizar los estándares mínimos de una educación de calidad, moderna y oportuna. La actual coyuntura de bonanza económica exige que se satisfaga adecuadamente esta obligación, pues tenemos una juventud urgida de educación integral. Aquí no bastan las promesas. Se requieren acciones.