Algunos políticos que aspiran a dirigir los destinos de esta nación intentan impresionar a los electores con conciertos de músicos locales: regueseros y cantantes, e incluso con personajes del periodismo y de la farándula televisiva.
Quizá logren ambientar una reunión política o hagan que la juventud gaste sus energías saltando y bailando, pero definitivamente estas presentaciones no son propuestas para mejorar las condiciones del país y de su gente.
Es cuestionable el hecho de que los candidatos echen mano de fórmulas gastadas, ineficaces y de una increíble chapucería para ganarse el favor de los votantes.
El país tiene problemas graves, como para que los políticos pretendan embriagarnos con fiestas, rumbas y regalos. Los votantes tenemos del deber de ser más exigentes.
El que aspire a un puesto como el de Presidente, tiene que mostrarnos soluciones, propuestas, planes y promesas que puedan cumplirse. De lo contrario, esta campaña será la versión política y cómica –y quizá trágica– de un tamborito trasnochado.