Con los impuestos de los panameños, el Estado destina recursos económicos para educar a nuestra juventud, por lo que la educación es virtualmente gratis en Panamá. Dotar a los colegios de enseres y equipos es una inversión alta, pero necesaria.
El futuro de cientos de miles de jóvenes está cifrado en esa inversión. De ahí que es incomprensible que estudiantes, como los del Artes y Oficios y del Instituto Nacional, se ensañen con las pocas cosas que tienen, pues están comprobadas las carencias que sufren sus centros educativos. Y como si eso fuera poco, destruyeron bienes públicos y vandalizaron carros de sus propios profesores y de terceros.
Quizá todo esto se habría evitado si los institutores hubiesen sido sancionados en su momento cuando destruyeron sus aulas de clases. Pero el mensaje que envió el ministro Belgis Castro de dejar el asunto en la impunidad solo logró avivar el fuego en el Artes y Oficios. Ahora, ¿cuál será su solución salomónica para sancionar a unos y a otros no?