Los diputados sufren de algo parecido a una crisis de identidad. Aunque fueron elegidos para hacer leyes y/o para fiscalizar la labor del Ejecutivo, nuestros legisladores se encuentran más cómodos haciendo el papel de alcaldes. Así es que, a los 84 ediles que se elegirán en 2009, hay que sumarle 71 diputados que se disputarán sus funciones, porque, después de todo, es menos complicado pedir dinero para presentar obras que crear proyectos de ley oportunos y que resuelvan los múltiples problemas que enfrentan sus electores. Quizás, debido a ello, es que la calidad de las iniciativas legislativas de nuestros parlamentarios es tan precaria como intrascendente. De ahí que el Ejecutivo los haya convertido en un apéndice que solo sirve para dar manotazos en sus pupitres cuando el Palacio de las Garzas requiere sus votos. No es extraño entonces que el actual presidente de la Asamblea insista -junto a algunos de sus acólitos- revivir las partidas circuitales. Ello les garantizaría suplir cualquier grave deficiencia como diputados de la República.
Hoy por Hoy 2008/06/08
08 jun 2008 - 05:00 AM