La conciencia ecológica y el sentido común continúan desterrados de los despachos de las instituciones gubernamentales encargadas de velar por la preservación del medio ambiente de nuestro país.
Tanto la Anam como la ARAP han demostrado con sus acciones permisivas a lo largo de la geografía nacional, que siguen dándole la espalda a su función de proteger los manglares que mantienen el balance de los ecosistemas.
Es inaudito que en esta época en que el tema central es la crisis alimentaria mundial, se pisotee con tanta prepotencia y desarraigo algo tan frágil, pero tan pulmonar para el futuro de nuestros hijos y nietos, como son los manglares. Todo ello con tal de beneficiar a algunos seudo inversionistas con sus millonarios proyectos hoteleros y residenciales.
¿A cuántas generaciones más les va a tocar esperar para que se comprenda que el verde que más importa es el que genera equilibrio ecológico y no el que se dobla y se guarda en el bolsillo?