Con justificada razón, los ciudadanos de las distintas barriadas de la ciudad se están organizando para protestar por las constantes deficiencias administrativas.
Las zonificaciones han sido alteradas arbitrariamente y sin el menor criterio urbanístico, sin planificación alguna, en secreto la mayoría de las veces, en olímpico desprecio a los intereses de sus habitantes. No hay político capaz de salir en la defensa de los intereses de sus representados, ni de exigir el establecimiento de un plan urbano creíble.
El Consejo Municipal está demasiado ocupado patrocinando bailes y exonerando ferias, mientras que el Alcalde reparte llaves de la ciudad. Ni hablar del Ministerio de Vivienda, que tanto prometió “de corazón” y poco hizo “de verdad” por esta sufrida ciudad.
La calidad de vida de los capitalinos, así como del resto de las metrópolis del país, demanda de gobernantes comprometidos con velar por sus intereses, algo de visión que los aleje de efímeras promesas de “enormes” inversiones que terminan degradando esos mismos barrios.