La enorme y creciente presión que hay sobre nuestros recursos naturales contrasta con la poca efectividad de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) para prevenir y conjurar las amenazas que ponen en peligro nuestra herencia ecológica. Por más designación de ministro que se le conceda a su titular, poco es lo que logra hacer, pues siempre parece llegar cuando el daño está hecho.
Para colmo, el compromiso del Gobierno con la conservación de nuestro medio ambiente se resume a esto: ministros que echan abajo manglares; directivo de una entidad de protección de costas y mares que es atunero y que pesca en aguas protegidas; diputados que derogan normas de salvaguarda contra la pesca industrial, y un Presidente que no lee lo que firma y así le “cuelan” goles legislativos que luego se compromete a revertir con entuertos inadmisibles.
Entonces, ¿de qué hablamos? Este gobierno es tan depredador como el más furtivo de los cazadores: La falta de prevención y protección es tan nociva como el daño mismo.