El Parlamento Centroamericano no está contento con el poder que ya tiene y ahora sus integrantes buscan aumentarlo y, con ello, lograr el respeto que se merecen, dicen sus convencidos promotores. Parece que olvidan que, salvo ellos mismos, los centroamericanos –incluidos los panameños– nos preguntamos de qué sirve este organismo que no sea para gozar de privilegios indecentes pagados por países pobres, como inmunidad, altos salarios y viajes, entre otros.
El día que decidan despojarse de esas prebendas, quizá se ganen un poco de nuestro respeto. Pero mientras tanto, deberán justificar la existencia del Parlamento más allá de la retórica burda y barata. La experiencia en Panamá con estos organismos ha sido más bien amarga, pues gracias a los fueros que acompañan al cargo, algunos ex presidentes se han protegido del alcance de la justicia usando como escudo la inmunidad. Y esa parece ser la práctica que veremos también en el año 2009.