Hace unos días, el Gobierno se daba golpes de pecho porque, a su juicio, la mayoría de las instituciones del Estado cumple con las normas de transparencia en internet. Transparencia Internacional no tardó en corregir la versión oficial y advirtió que está apenas evaluando la información entregada –por cierto, incompleta– por estas instituciones.
Ahora, un informe de Naciones Unidas nos describe un panorama desalentador en cuanto a los progresos que presenta Panamá en materia de gobierno electrónico. De hecho, hemos caído 19 posiciones en el ranking mundial. Hay organismos, como por ejemplo la Asamblea Nacional, que antes contaban con una página en internet con información más o menos actualizada. Pero hoy, ese sitio es un verdadero desastre y nadie se digna actualizarlo.
En otras palabras, retrocedemos, y a pasos agigantados. La transparencia no es un objetivo de este gobierno, más bien es un obstáculo, y sus voceros, por más que se jacten de lo contrario, tienen en contra sus propias acciones.