Resulta inconcebible que tres alumnos basten para impedir la entrada al personal docente y a los casi 3 mil estudiantes que asisten al Instituto Nacional. Esta actitud desafiante y pendenciera solo reafirma lo acertado de la expulsión. Sin embargo, estos escolares no contentos con el secuestro del plantel, provocaron daños a los enseres que sus compañeros utilizan, en un abierto reto a la autoridad que, además, revela el desdén hacia la propiedad pública.
Tanto las autoridades educativas como los padres de familia tienen en sus manos la posibilidad de evitar que situaciones similares se repitan. Para ello, es hora de aplicar el reglamento, la disciplina, y por supuesto sanciones ejemplares contra esta irresponsabilidad manifiesta. No puede imponerse –y menos por la fuerza– el despropósito de tres adolescentes a toda la matrícula del colegio.
Esta impertinencia se comete en momentos en que la educación panameña pasa por un trance inédito: un año escolar tan irregular que parece perdido y, encima, las pocas clases que se imparten son de cuestionada calidad. Esperamos ver acciones contundentes contra ejemplos tan poco edificantes.