Hace cuatro años, el hoy presidente de la República prometía: “A partir del 1 de septiembre de 2004, combatiremos la corrupción en todas sus modalidades, abiertas o encubiertas, venga de donde venga”. A menos de un año para que su gobierno concluya, los panameños perciben la misma corrupción que había en 2003, cuando gobernaba Mireya Moscoso, cuya administración no es recordada, precisamente, por su integridad.
De hecho, el índice de corrupción de hoy es peor que el de 2004, cuando Martín Torrijos prometía en su discurso, mientras le era colocada la banda presidencial, que: “Desde hoy declaramos la guerra a la corrupción y a la impunidad, y convocamos a la sociedad a que nos acompañe en esta cruzada, que implica chocar con poderosas fuerzas y grupos de interés que hasta ahora han sido intocables”.
¿Qué ha cambiado desde entonces? Quizá, nuevos grupos de poder, o incluso los mismos, pero la corrupción campea como el primer día de su gobierno, con fogoso entusiasmo. Torrijos tuvo su oportunidad y la desperdició imperdonablemente.