Si hay un aspecto que deja en evidencia la ineptitud, negligencia y hasta abandono del actual gobierno, es el de la inseguridad ciudadana. Los panameños no aguantamos más. Robos callejeros, asaltos a bancos y residencias, hurto de carros, homicidios, tiroteos entre pandillas, vendettas entre mafiosos, secuestros. Ese es el menú de horror e incertidumbre al que se enfrenta a diario el ciudadano de a pie. Delitos que acosan y no dan tregua, pero que sí requieren de una frontal y decidida acción del Ejecutivo.
Pero ese es el problema: No hay política de Estado para frenar a ese monstruo de mil cabezas. El gobierno, en lugar de plantear soluciones inmediatas, concretas y radicales para controlar la delincuencia en todas sus manifestaciones, se dedica a defender unos proyectos de ley que esconden otros intereses, muy lejanos a los de los ciudadanos. Ese, sin duda, será uno de los temas vitales de la agenda de los candidatos presidenciales, que tienen la obligación de decirle al país qué van a hacer para que los panameños podamos volver a salir tranquilos de nuestras casas.