El gobierno demuestra poca prudencia al aprobar un presupuesto tan alto que casi equivale a la deuda panameña, y revela, al mismo tiempo, pretensiones electoreras de cara a los comicios de 2009. El Ejecutivo no puede ignorar los acontecimientos que están ocurriendo en Estados Unidos, nuestro principal socio comercial.
Sus consecuencias son impredecibles, salvo que el dólar está perdiendo valor, hecho que sí nos afecta en forma directa. Y esto también puede acarrear consecuencias serias como, por ejemplo, el encarecimiento del proyecto del tercer juego de esclusas del Canal. Y, por otro lado, el Gabinete no cuenta con experiencia en el manejo de la inflación, pero, en cambio, tenemos ministros que pretenden pasarse de listos invirtiendo en obras de poca trascendencia, pero visualmente atractivas y majestuosas, para convertirlas en su carta de presentación en las próximas elecciones.
En otras palabras, el dinero de los contribuyentes se maneja según las prioridades partidistas. Nada ha cambiado en el gobierno de la Patria Nueva.