Los funcionarios responsables de impartir justicia mantienen onerosas deudas con los panameños, quienes seguimos aguardando a que se resuelvan los casos de corrupción más escandalosos y emblemáticos de los últimos años.
Ya está bueno de que –por el mero transcurso del tiempo– nos salgan con tecnicismos y formalidades legalistas como “la prescripción” para que, gracias a ellas, delincuentes de cuello blanco se sientan –y actúen– como si dispusieran de una licencia para conducirse al margen de la ley. Y no podría ser de otra manera, pues muchos de nuestros jueces se prestan –cual cómplices– para que la impunidad avasalle el imperio de la ley. Corresponde a los superiores jerárquicos de esos pseudo administradores de justicia, tomar medidas concretas para que de una buena vez erradiquen la desfachatez entre corruptores y corruptos que hacen de la justicia la mofa de los delincuentes.
Mientras la tolerancia a la corrupción siga siendo la norma de coexistencia, estaremos condenados a convivir entre el miedo y la injusticia; entre bribones y malandrines, muchos disfrazados de honorables señores de bien.