Hace solo unos meses, cuando la empresa brasileña Odebrecht empezó a construir un tramo de la autopista Panamá-Colón, el ministro de Obras Públicas, Benjamín Colamarco, junto con el entonces ministro de Economía y Finanzas, Carlos Vallarino, perjuraron que serían de gran beneficio para el Estado los términos negociados con los brasileños para desarrollar la obra.
Pero resultó ser el mejor trato de todos los tiempos para los brasileños, que han encontrado en Panamá –y su gobierno– un paraíso para el incremento desmesurado de sus finanzas, pues con solo dos proyectos –el otro, la cinta costera– se harán con unos 600 millones de dólares. Colamarco ni siquiera pestañeó cuando reveló que la nueva carretera tendría un sobre costo de más del 75%. Es decir, de 215 millones pactados, ahora costará 380 millones de dólares, a razón de ¡más de 11 millones de dólares por kilómetro! Sencillamente, esto es un escándalo. ¿Quién puede defender algo así?