Cada día son más los hechos de violencia. Buena parte de ellos gira alrededor de un negocio tan lucrativo como sangriento: el narcotráfico. No cabe duda de que hay que combatirlo desde diferentes frentes, incluido el internacional, pues desde hace mucho es una actividad globalizada. En ese sentido, Panamá dejó de ser una mera zona de tránsito para la ilegal mercancía y hoy es escenario de cruentos asesinatos y de venganzas; alberga a capos del crimen organizado y hasta se ha convertido en un mercado del sicariato.
El gobierno propuso una solución radical: organizar instituciones de inteligencia y espionaje para combatir, entre otras cosas, la violencia y el narcotráfico.
Aun cuando sea prematuro calificar la eficacia de esta nueva legislación, no deja de llamar la atención que siguen aumentando los crímenes, en especial aquellos vinculados con el trasiego de drogas, lo que nos hace preguntarnos si es esto lo que verdaderamente necesitamos para obtener la paz que tanto extrañamos.
Por ahora, lo que hemos visto, parece acertado.