Panamá gastó millones de dólares este año y también lo hará en los próximos doce meses en estudios, investigaciones y consultorías. Se supone que ello ayudará a hacer más eficientes las inversiones gubernamentales y nada tendríamos en su contra de ser porque siempre terminan engavetados, o porque las conclusiones de las investigaciones son ignoradas o porque las consultorías terminan siendo grandes negocios para quienes las facturan, no así para quienes las pagamos. Sin ir más lejos, seguramente Panamá tendrá otra vez que pagar –quizá hasta millones de dólares– en consultorías para convencer a un renovado Gobierno norteamericano de que apruebe el tratado de libre comercio con Panamá.
Pudo más en este asunto la ambición personal de un diputado que los intereses de la nación panameña. Pero ese solo es uno de los decenas de casos en los que el Estado ha “invertido” millones en consultorías. Así, tenemos estudios sobre la educación, la disposición de la basura, del transporte, la justicia. Todos tienen en común el dinero que se pagó por ellos y la falta de iniciativa de los gobiernos que los encargaron. Bien podríamos decir que somos el país de los estudios... Pero ojalá pasáramos de la investigación a la acción.