El presidente venezolano, Hugo Chávez, se “autopostuló” para el mismo cargo en las elecciones de 2012, cuando finaliza su actual mandato constitucional. El gobernante anhela convertirse una vez más en Presidente, a pesar de que la Constitución se lo prohíbe, y de que el pueblo venezolano derrotó en un referéndum –hace exactamente un año– sus intenciones de modificar la Carta Política para optar por la reelección.
Los venezolanos nuevamente tendrán que pasar por lo mismo, es decir, tendrán que poner en la balanza la salud de su democracia frente a las grotescas ambiciones de un personaje que se ve a sí mismo como un dios. Su arrogancia alimenta su insaciable ego, que embriagado de poder, pisotea los más elementales derechos y libertades de sus conciudadanos.
¿Cuánto más tendrán que soportar los venezolanos para que su Presidente entienda de una buena vez el mensaje? Semejante derroche solo para autocomplacerse es verdaderamente inhumano. Hugo Chávez no parece conocer de límites cuando está en juego su futuro político.