Este gobierno nos tiene de vuelta y media con sus políticas erráticas en materia de seguridad. Cuando Torrijos llegó al poder, en 2004, la delincuencia común era tema de Estado. Tanto así, que lo incluyó como uno de sus pilares de campaña. Pero no bien entro a Las Garzas, cuando ya hablaba de implementar la “mano amiga” contra la violencia, lo que resultó un absoluto fracaso, ahora tan evidente como escandaloso.
Luego vinieron sus incontables planes de seguridad, cuya ejecución fue encargada a civiles y luego a militares disfrazados de civiles. La delincuencia no sufrió una sola baja, pero sí los ciudadanos. Así, llegaron las reformas al Código Penal hechas no hace mucho, pero que servirían para apaciguar las críticas por la manifiesta incompetencia. Pero aún seguimos padeciendo en la inseguridad que se amplifica en esta época navideña.
Entonces, nuestro mandatario propone remendar otra vez el más emparchado de los códigos. Si contáramos con estadistas, en vez de la camarilla de oportunistas que nos gobiernan, no estaríamos en estos vergonzosos avatares.