La improvisación en el gobierno es un mal que todos los días pone a prueba la paciencia de los ciudadanos. El Ministerio de Obras Públicas, en particular, ha sido negligente en hacer frente al mantenimiento de las calles de la ciudad, sin contar la falta de supervisión en las obras viales que se entregan en el interior del país, cuya calidad en terminados y materiales deja mucho que desear.
Este ministerio ha malgastado una cantidad de dinero no cuantificada, por recibir obras que a poco de ser “estrenadas” se pierden, porque poco o nada se hizo para garantizar su calidad.
El colmo de todo es que hubo cuatro años para planificar, pero es en lo que resta de este año que el MOP pretende dejarnos la “herencia” de esta administración, con obras que, al llevarse a cabo simultáneamente, causan terribles embotellamientos. Es el caso de la cinta costera, del Puente de las Américas y de sendos puentes vehiculares sobre arterias de la capital. Con estos proyectos andando al mismo tiempo, nos preguntamos, ¿qué estuvo haciendo el ministro todo el tiempo pasado?