Es evidente que la época de grandeza y fortaleza de las FARC está dando un giro diametralmente opuesto a la que mantuvo en las últimas cuatro décadas.
El grupo guerrillero se está enfrentando a la realidad de tener que entregar secuestrados sin negociar, aparentemente, nada a cambio. Quizá ya estén convencidos de que es más que necesario llegar a una tregua. Su futuro es cada vez más incierto, por lo que resulta obvio que busquen ser vistos con mejores ojos tanto por los colombianos, como por la comunidad internacional.
Estas acciones aparentan ser la antesala de una negociación para lograr la paz que tanto anhelan los colombianos. Hay que reconocer que el gobierno de Uribe ha dejado en un estado agónico a las FARC, y que de darse una segunda reelección del Presidente colombiano, el fin de la guerrilla podría estar cerca. Esperemos que continuen las liberaciones hasta que todos los secuestrados que permanecen en las crudas selvas colombianas, vuelvan a gozar de los derechos que les concede la libertad.