La ex magistrada Graciela Dixon no pudo ayer dejar de reír al comentar una noticia sobre cómo su candidata –Balbina Herrera– utilizó su investidura de legisladora para presionar a la Corte Suprema y otras instancias para conseguir el pago de una indemnización a su favor.
A Dixon le pareció un chiste, pero a quienes censuramos estas intromisiones, eso no nos hizo ninguna gracia, como tampoco que la hoy ex magistrada haya apoyado el fallo que anuló la investigación del caso Cemis o que haya decretado la prescripción de crímenes de la dictadura o haya acusado a fiscales que investigaban casos de corrupción, o cuando celebró el día de la secretaria con un payaso-stripper. Y si alguna vez nos reímos de sus absurdos legales, ha sido para no llorar.