La Autoridad de los Servicios Públicos apoya una iniciativa para soterrar esos cables eléctricos que perjudican la estética urbana. Por ello, se pretendía hacer lo mismo con una línea de alta tensión que corre a través de la Avenida Balboa, aprovechando la coyuntura de la construcción de la cinta costera.
Sin embargo, el Ministerio de Obras Públicas –afanado en que sea este Presidente quien entregue la obra– ha dado por concluidas las negociaciones para ejecutar el trabajo, pues ello prolongaría la entrega de la nueva vialidad más allá de la fecha en que concluye el actual mandato presidencial.
Este criterio es un insulto para los ciudadanos que pagamos cada trabajo que emprende el Gobierno, pero para el MOP, hay que agradecerlo al gobernante. Esta no es más que la expresión estrecha y provinciana de nuestros funcionarios, alejada de los principios elementales de un estadista; se han convertido en los tontos útiles que ponen la placa en la que el gobernante de turno reclama el derecho a estampar su nombre. ¿Cuánto nos costará soterrar después esos cables? ¿No sería justo cobrarle al Presidente y a sus adláteres el costo de esta oportunidad perdida?