La ciudad vivió hoy otro día caótico. Funcionarios de organizaciones de la salud salieron nuevamente a cerrar las calles en demanda de mejoras salariales. De esta forma, lograron no solo perjudicar a miles de pacientes de hospitales y clínicas públicas, sino a decenas de miles de personas ajenas al conflicto que vieron interrumpido su derecho a transitar libremente.
La dirigencia de los grupos en pugna parece no saber o deliberadamente ignora el hecho de que al hacer estas demostraciones de fuerza lo que consigue es el rechazo de la ciudadanía, que exige la intervención de las autoridades para que haga retornar el orden. Pero lo más grave es que no quieren escuchar las quejas de los usuarios del sistema de salud, que se preguntan por qué estos funcionarios pretenden bonos y aumentos, cuando el servicio que ofrecen es deplorable.
Si ellos quieren recibir regalías, tienen que hacer un esfuerzo por mejorar las relaciones con sus clientes, pues son ellos los que sufragan cada día su salario, incluyendo los aumentos que ahora reclaman con tanta vehemencia.